Escribe Conmigo – Escudriñar

Durante un mes y medio estaré posteando las historias que escriba dentro de mi grupo de escritura Escribe Conmigo. El desafio consiste en intercambiar escritos de lunes a viernes con un compañero que cambia cada semana. Este compañero te dará un devolución sobre el escrito, y tú a él. Los organizadores te proveen de un disparador que puedes usarlo o no. El del día de hoy fue: Escudriñar.


Cierro los ojos, está oscuro. Y de repente escuchi sonidos parecidos a los que un instrumento de percusión pudiese producir al golpe o batido de su cuerpo. Abro los ojos rápidamente para cerciorarme que estaba donde yo sabia que estaba.
La persona que está detrás de mi mi indica que vuelva a cerrar a los ojos y que no me preocupe demasiado por lo que suceda allí arriba (eufemismo que usaba para referirse a mi psique).
Los volví a cerrar. De nuevo estaba oscuro. Respiré profundamente como mi profesor de yoga me indica en medio de la postura de la langosta, y me quedé. Sin ningún reparo mis pensamientos comenzaron a invadir(me?). En alguno mes detenía a revisarlos, e  incluso contestarlos. A otros los dejé ir.
Sin aviso, mi terapeuta empezó a hablar. A dar como indicaciones de lo que debía hacer en ese tiempo con los ojos cerrados y la boca muda. Inició diciendo que debía visualizar mi cuerpo.
Así lo hice, él quería que me ocupara de sentir. Quería que visualizara cómo se sentía cada parte de mi cuerpo. Así lo hice. Mis pies se sentian cansados, las caderas ansiosas, mi boca del estómago miedoso, mis manos inquietas, mi lengua un poco seca pero negativa. Mi cabeza, se sentía abrumada, pesada, aturdida. Mis ojos estaban cristalinos e hinchados; se sentían acongojados. El corazón palpitaba rápidamente, a veces se sentía fracasado por hacer tanto y avanzar poco.
Me indicó que visualizara puntualmente en los sentimientos que me hacian sentir tranquila y bien. Entonces, fui a mi vientre. Estaba seguro, entendiendome. Las orejas y oidos estaban atentos  a mis indicaciones. La nariz apacible, aunque el pecho que estaba violento quería peturbarla, no lo lograba. La cintura se sentía libre, siempre bailando y deseando acción. Los cabellos se sentía revolucionaria, impetusosos.
Él suavemente me trajo de nuevo con un golpecito suave en mi hombro. Al abrir los ojos tenía toda la cara inundada en lágrimas y una sorisa. -Se acabo la sesión por hoy – dijo.

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