#MeToo #YoTambién

Being a woman…a veces es scary y asqueroso. Incluye desde miradas desagradables hasta una cosa tan ilógica como la muerte.

Vivo en una sociedad machista. En donde la prioridad es cedida a los penes de las familias ya sea porque tienen más posibilidades de ser exitosos (que no es de extrañar en una sociedad patriarcal); o porque se piensa que los roles de la mujer están ligados a las labores del hogar; o porque eres un ignorante de mierda, que sinceramente me parece la más acertada de todas. Pero es porque tengo un poco de rabia. Y la ira se suelta así: violentamente; hay miedo no sólo por mi vida si no por la vida de más de la mitad del mundo.

Entonces si, he sentido acoso. Y tuve una discusión con un hombre sobre qué significaba “acoso callejero”. Para él “si el tipo estaba bueno” las mujeres lo tomarían como un halago, pero si lo hacia un tipo feo, ya automáticamente era acoso. Ese era el diferenciador, la belleza de donde provenía.  Por otro lado, otro amigo discutía que no. Que tenía algo que ver con la plata que el tipo “parecía”  tener. Yo no sé qué clase de mierda le han enseñado a estos tipos, pero te puedo decir que definitivamente ellos NUNCA en su puta vida han sido acosados en la calle.  

 

El acoso callejero en nuestra sociedad, en su mayoría, inicia con la idea de que no es acoso. La crianza es poderosa, y hace que frases como: “corres como niña” para indicar que corre más lento, o “no llores, eso lo hacen sólo la niñas” o cuando le dices a otro hombre “mujercita” para describir lo que sería un “hombre débil” ya sea porque es fiel a sus emociones y sentimientos; o se preocupa por otros; o porque simplemente su color favorito es uno diferente a los que aplican para el estereotipo hombre, afectan en cómo los chicos ven a las chicas. La idea de que el hombre es más macho sí sólo muestra anger, produce un montón de ideas erróneas sobre cómo tratar a tu semejante. Y aunado a ésto, está la publicidad en donde utilizan un par de tetas para vender unos zapatos, o más peligroso aún; venden la idea de que un hombre exitoso es aquel que controla a “su mujer”, gana más dinero que ella, sabe más que ella e incluso es más fuerte que ella ( lo que sea que eso signifique.) Todo ésto nos ha llevado a la idea de que, de hecho, hombres se sienten en todo el derecho de decirte, e incluso hacer cualquier barbaridad que cruce por sus cabezas.

Los ves en las calles haciendo uso de su “derecho”. Inician con una mirada “lasciva” que por lo general la recrean cerrando un poco los ojos, escudriñandote, y definitivamente no quitando la mirada de la parte de tu cuerpo que ellos consideran que es la “meritoria” de estos “cumplidos”. A veces, es acompañada de movimientos de sus labios y/o lengua,cuando se sienten atrevidos. El movimiento de los labios cambia según su personalidad: algunos los juntan, otros la abren, o hacen muecas de lo que se imaginan. Y, luego, pasamos a los sonidos que hacen con esa misma boca. Van desde sisesos, silbidos y pronunciación de palabras y/o frases hasta la declaración de oraciones completas. Pueden ir desde sencillos “mamis” , “que rica” “grandota, como me gustan” hasta más configurados discursos que pueden llegar a decir cosas como  “Te chupo (introduce la parte del cuerpo que prefieras)” o “quiero (introduce alguna acción que insinue algo sexual)”. Mucho me ha llamado la atención como hay gran interés en la familia  dentro de su discurso: “te  hago un hijo”, “criame los hijos” “vente pa’ mi casita, mamita”. Hay millones de variedades de éstos, depende de la cultura en la que vivas y el idioma que hables, pero la mayoría de las veces hablan de cómo ellos ven tu cuerpo y qué le quieren hacer, mientras caminas hacia tu trabajo, supermercado o simplemente caminas a ningún lugar en particular. También me ha pasado que una vez que ya han dicho lo que “les parece” ellos deciden hablarte: “Buenos días, damita”, ¿Cómo te llamas?, Dame tu número, ¿Salimos?, y hasta te siguen por un buen trecho. Lo más aterrador que me ha pasado, por lejos, es esos hombres que lo quieren hacer íntimo. Los tipos que de hecho se te aproximan, y te lo dicen bien cerca de ti. O se tocan su pene mientras te están mirando, por ejemplo en el bus o quizá mientras vas caminando por la calle diciendote un calmado “tócame aquí”

Si, probablemente esos tipos criados en esta sociedad que me dijeron que si el tipo estaba churro/bueno/hermoso o si era platuo, yo iba a aceptar muy tranquilamente que se masturben en la calle en mi presencia, y eso me iba a parecer halagador. Ellos no tienen ni la más mínima idea de qué es.

 

El acoso no se reduce a los desconocidos de la calle. El acoso te atrapa en tu lugar de trabajo e incluso en gente con la que decidiste salir. En el trabajo es, sinceramente, el lugar donde más me preocupa porque yo AMO lo que hago. Y a pesar que mi campo laboral es casi  80% mujeres, hay presencia masculina. Me ha tocado trabajar con profesores que me han dicho “No sé qué me provoca más, si la torta (que yo estaba comiendo) o tú”, o cuando mi empleador me dijo “debes dejar de usar pantalones tan apretados” y por supuesto los alumnos que te buscan en Facebook o te ven en Linkedin, te escriben si quieres salir o te desean buenas noches por varios días. WTF! Y probablemente habrá gente que diga que estoy exagerando que ellos quieren ser mis amigos. Casualmente todos son hombres, y un poco cobardes, por cierto.

Por otro lado, tipos con los que salimos. Este tema es BIEN controversial, y he tenido que detenerme por muuucho tiempo a pensar cómo debo ponerlo. En nuestra cultura, y hablo de la cultura latina (que es en donde he vivido por la mayoría de mi existencia) se cree que salir/ser amigo/ser novia/ser esposa/etc es sinónimo de “TIENES CANCHA LIBRE PARA HACER Y DESHACER”. Voy a empezar por una historia que nos contó una buena amiga hace tiempo atrás. Ella nos decía que ella ama a su abuela con locura, y que ella es la mejor persona en el mundo (como la mayoría de las abuelas en el mundo). Y que un día ella le contó que cuando su abuelo iba a tomar, aparte de que tenía mala bebida, ella debía dormir usando blue jeans. A mi me tomó una cantidad absurda de minutos en comprender lo que sucedía, pero alguien más hizo la pregunta por mi -Marica, ¿Por qué ella hacía esa vaina?- en tono desconcertado. A lo que ella nos contestó  -¡Porque el carajo la obligaba a coger, pues!- con mucha euforia. Y me puse a pensar en si esa señora se separaba de su marido qué hubiese pasado, o si lo hubiese denunciado o si en general se lo hubiese dicho a alguien, incluso un terapista de la época, que para empezar eran la mayoría hombres ¿Qué le hubiesen dicho? Definitivamente, en esa época no lo hubiesen visto como si el carajo abusaba de su poder, si no que ella (introduzca cualquier excusa de su preferencia en donde la mujer debe aceptar la culpa de que el otro actúe así.) O incluso esa vez que otra amiga nos comentó que un amigo de la infancia mal interpretó cercanía, empatía y apoyo con  “mete tu verga aquí”. En el primer no, ella se sintió tranquila porque ¿Sabes? es su amigo él VA a entender, pero cuando él insistía, y cada vez era más violento, ella tuvo que ponerse a su nivel y soltar coñazos, también.No es no. Punto.

El abuso no se detiene en el área sexual, continua en diferentes espacios de la vida. Una vez me sucedió que yo había terminado con un novio, y él me vio tomando una bebida alcohólica con unos amigos, y su reacción obvia fue tirarla al piso y decirme que yo no podía hacerlo. Que me estaba comportando como una “cualquiera” (para los que no están familiarizados con las novelas mexicanas, eso significa que soy una persona que tiene  relaciones sexuales con cualquier persona.) O por ejemplo, un evento más reciente y en otra parte del hemisferio, un tipo con el que me vi máximo tres veces en mi vida, le dije que ya no quería continuar. Y su reacción “moderada” fue insultarme por todos lo medios posibles, y mandarme mensajes todas las semanas diciendome lo puta que era. Y luego, me lo encontré en un bus, y a él se le ocurrió saludarme, y no suficiente con eso llamarme para invitarme para ver el partido Perú – Colombia. Aparentemente, el rechazo está íntimamente ligado con mi “nivel de puteria”.

 

El acoso en todas sus versiones es atemorizante. Y MÁS que eso es MUY REAL (para todos los motherfuckers que lo dudan.) Y lo que más me preocupa es que no hemos hecho lo suficiente para que deje de ser tan “natural y espontáneo” en nuestra sociedad. El acoso es de consumo masivo, está integrado en nuestro ADN, y ha desvirtuado no sólo cómo los hombres ven a las mujeres si no también cómo las mujeres se ven a sí mismas. De verdad nos hemos preguntado ¿Qué significa que un hombre desconocido te diga cosas que no has pedido en la calle, en tu trabajo, y hasta en tu intimidad?, y más importante aún ¿Hasta cuándo lo vamos a permitir?

 

Foto por Tortugavispada

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